Al ritmo de la banda los magueyes silvestres danzaban el Jarabe Zoquiteco, y junto con ellos el pequeño Demetrio bailaba sin darse cuenta que pronto heredaría el sabor de la tradición, el sabor que su  bisabuelo había plantado en el cerro más alto de Santa María Zoquitlán, el sabor del mezcal «la Última Palabra…»

Así comienza la historia de amor, de familia y de tradición, que nuestro mezcal te cuenta:

Don Demetrio, campesino del pueblo, conocido por todos por ser la cuarta generación de palenqueros, guarda el secreto de la receta que sus ojos y manos aprendieron, pero comparte el sabor de miel y de madera que solo las áridas tierras de Valles Centrales, los hornos de leña y las barricas de roble, pueden alcanzar. Fue con todos estos ingredientes tan únicos y unos tragos de mezcal que logró que dos enamorados se convirtieran en familia.

Era septiembre y la fiesta patronal llegaba al pueblo con sus calendas, y así también llegaba ella, invitada por su amado, quien se había atrevido a dar el primer paso para presentarle a su tío palenquero, a su gente, a su familia y a su vida.

Ella escogía bien sus palabras, estaba acostumbrada a no equivocarse con la máquina de escribir en su trabajo y él, digamos, era menos precavido, parecían dos mezcales, un cuish y un tepeztate, pero no había ensamble hasta que el buen Demetrio aplicó sus técnicas ancestrales que el bisabuelo le había enseñado para juntar agaves y personas: los ahumó con un poco de música y les sirvió una botella de Shubba, su mezcal consentido, un ensamble de cuish y maíz.

Sonaba Guendanabani, esa canción que a ella tanto le gustaba, tomaban mezcal escondidos por la noche de Santa María Zoquitlán, escuchaban de fondo el zapoteco que se cantaba, una combinación de culturas que solo Oaxaca podía dar.

Y ahí fue cuando sucedió, ella se acercó y lo besó. Él había dado el primer paso pero ella había dado la Última Palabra.

Su máquina de escribir había plasmado en el papel una nueva aventura de amor y mezcal.

Como ellos escribieron su historia, esperan que más personas escriban la suya llena de amor de pareja, familia, tradición y mezcal.

Así fue como, ayudados por el tío Don Demetrio y su herencia ancestral, nació algo natural, algo artesanal, algo con sabor, algo con aroma. 

Nació “la Última Palabra”